Desde el taller del barrio
Una empresa de persianas que conoce los bloques del pueblo
Se oye mucho que una persiana encallada pide cambiarla de arriba abajo. La realidad suele ser más pequeña: falla una pieza concreta, como el paraguas al que se le suelta una varilla: cambias la varilla y guardas el paraguas.
En Ripollet abundan los bloques de ladrillo que se levantaron cuando el pueblo creció de golpe, hace medio siglo, con balcón y persiana enrollable de cajón. En el Casc Antic quedan casas bajas con persianas de madera y alicantinas. Cada tipo tiene sus averías: lamas resecas por el sol de la tarde, cintas gastadas por décadas de tirones, ejes doblados tras una granizada.
Por eso la furgoneta sale cargada con los recambios que piden esas persianas: cinta, recogedor, lamas, ejes y motores. Primero intentamos reparar y solo proponemos cambiarla cuando de verdad no compensa. Una persiana que cierra bien, además, es la mejor sombra de agosto: deja el sol fuera antes de que toque el vidrio y el piso aguanta más fresco.
— El equipo de Ripopersi, Carrer Calvari 5





